jueves 4 de noviembre de 2010

Laz Crónicaz Macarrónidaz

Capítulo 6

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Así, viendo que no tenía otra opción, Oscarichu, nuestro valiente héroe, fue a buscar sus armas para enfrentarse al malvado monstruo peludo. Sabía que iba a abrir la puerta a un mundo de horrores inimaginables, pero a él no le importó. El fuerte olor a vinagre, tras el fracaso ocurrido apenas unos minutos antes, ya presagiaba que lo que allí se iba a encontrar no era de este mundo. Pero los héroes no cogen el camino fácil, que en este caso era ir a Mercadona a por desatascador, sino el más heroico y, armado con un destornillador y una balleta, se dispuso a arriesgar su vida abriendo el desagüe.

Lentamente, pero sin que le temblara el pulso, extrajo el tornillo, y levantó la placa metálica que éste sujetaba. Pegotes marrones de maquillaje narraban la historia del fracaso de otros que anteriormente habían recorrido el mismo camino. Un ruido, como venido del centro de la tierra, resonó en el interior del armario de debajo del lavabo, mientras nuestro héroe veía con horror como la tubería se desplomaba y empezaba a escupir un líquido marrón espumoso. Abrió el armario presurosamente, como solo un héroe lo habría hecho, y agarró la tubería, luchando con la fuerza del agua. Fue entonces cuando la vio. Una bola de pelo, de edad y densidad indeterminadas, lo miraba desafiante desde la oscuridad, sintiéndose amparada por el miedo y el asco que obviamente provocaba en cualquiera que osase acercarse.

Pero Oscarichu no es cualquiera. En un despiste de la bola de pelo alargó la mano hasta la caja de herramientas, cogió unas tenazas y, con ellas en una mano y el destornillador en la otra, embistió a su grimoso enemigo. Éste contraatacó, lanzandole dos gomas podridas, que Oscarichu evitó milagrosamente. Cogió aire y, encomendándose a sus dioses, se lanzó de nuevo al ataque. La bola de pelo intentó aferrarse a todo lo que pudo con sus múltiples brazos, pero esta vez se enfrentaba a un enemigo más grande y más fuerte, y no pudo resistirlo. Y así murió, mojada y burbujeante, sobre una fría baldosa.

Oscarichu respiró aliviado, y se secó el sudor, convencido de que lo peor ya había pasado. Pero entonces vislumbró algo brillante al fondo del tubo. Allí, agazapado, se encontraba el jefe de la bola de pelo, al que había estado protegiendo, el Sauron del desagüe: el trozo de plástico. Era imposible comprender cómo este ser había llegado allí. Y ahora, sin su fiel siervo, se encontraba gravemente debilitado. Con un rápido movimiento, el valiente héroe lo enganchó con las tenazas y lo tiró al váter.

Y antes de que más horrores se desencadenaran, enganchó el tubo, atornilló el desagüe y, con terror ante lo que pudiera pasar, abrió el grifo. Y el agua fluyó de nuevo, cristalina, veloz, sin burbujeos posteriores, como nadie la había visto hacer en mucho tiempo.

Y Oscarichu pudo sonreír por fin.


THE END

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